Cuando los sentimientos te persiguen, cuando intentas escapar de los recuerdos. Puedes correr, pero no podrás esconderte eternamente.
Todo el mundo tiene miedo alguna vez, vivimos aun a sabiendas de que algún día moriremos. Morimos viendo todo lo que hemos vivido. Algún día tu vida pasará ante tus ojos, asegúrate de que merezca la pena vivirla.
Cuando ves una serie en la televisión que te gusta te acabas metiendo en la historia, empiezas a vivirlo en tu día, es interesante ver como es la sensación de que alguien te espía y quizás tenga ganas de matarte, pero por suerte luego recordamos que eso no nos está pasando de verdad.
Hoy se me ha venido ese recuerdo a la cabeza, la escuela de música. Durante todos los años en los que estudié allí mi pensamiento sobre la música clásica era que era horrible, que sería incapaz de escuchar durante 5 minutos una canción sin dormirme o que me entren ganas de morirme, pero hoy ha sido extremadamente extraño, como en clase de filosofía (cualquiera esperaría otra cosa, pero si, en filosofía escuchamos música clásica.) cuando la profesora puso esa música, no me entraron tantas ganas de vomitar. Es más, hasta diría que me relajaba un poco. Pero no sé porque me imaginaba unas especies de cuentos que iban al son de la música. Era divertido ver como en mi imaginación un monigote se movía por líneas y pisoteaba flores (tampoco sé porque se me venía eso a la cabeza).
Por eso he llegado a la conclusión de que no odiaba ese tipo de música, odiaba tener que estudiarla. Cuando me obligan ya no me gusta. Interesante teoría.
Razón entonces por la cual podemos pensar que escapar de los pensamientos es lo único imposible en este mundo. No lo niegues, negar es pensar.
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