Hoy me ha dado por llorar, pero no me importa. Siempre me han dicho que llorar es una buena forma de sacar a la luz las penas. Incluso en mi caso, que lo hago a oscuras por miedo a ver mi maldito reflejo en algún cristal, en algún espejo.
Hay días en los que parece que no tienes más que dos opciones: O metes tu cabeza en el horno; o metes en el horno la cabeza de la persona que odias.
Parece increíble, te dedicas una vida a crear un espacio personal, solo tuyo, en el que solo tú puedes entrar. Pero cierto día te das cuenta de que te has perdido, de que no puedes salir, y simplemente esperas a que alguien te rescate de ese lugar secreto, difícil si nunca le has dejado entrar a nadie...
Y siento que caigo...
caigo...
caigo...
estrepitosamente.
¿Y ahora que queda? Esperar a que me rescaten, nada más.

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