sábado, 29 de septiembre de 2012

Todo muere.

Todo muere, pero una de las muertes más tristes es la muerte de un sueño.
El hecho de ver como se esfuman todas tus posibilidades, o la pérdida de confianza que consigue que ni tú mismo creas que lo podrás conseguir. 
Puedes pensarlo: darlo todo por un sueño que nadie más entiende, a parte de ti. Pero, ¿Qué pasa si sale mal? Que si se lo dedicas todo a ese sueño, luego no te queda nada.
Tenía unas alas que me permitían volar por donde quisiese, pero elegí volar cerca del Sol, y ahora que no tengo alas, ¿qué hago? Puedo llorar y compadecerme, u olvidarme de todo para siempre.
Pero no quiero olvidarlo. Fue mi vida, y es algo que ahora ya no puedo dejar atrás. Yo elegí darlo todo por ese sueño, y si así lo decidí, sería por algo.
Claro que duele saber que todo se ha ido a la mierda, en mi caso, por una idiotez. Pero es lo que hay.

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