martes, 26 de julio de 2011

Confianza


Cuando no confiamos dejamos de vivir y solo existimos, entonces la felicidad se transforma en una meta difícil de alcanzar. Con la falta de confianza renunciamos a felicidad, porque no creemos merecerla o no nos fiamos que vaya a durar. La desconfianza nos impide avanzar y crecer, nos encontramos con situaciones en las que no nos sentimos realizados, llegan pensamientos que nos bloquean: “ No vale la pena, no voy estar a la altura”; por desconocer nuestro potencial, elegimos actuar por debajo de nuestras posibilidades sin emprender nuevos retos.
Y precisamente por no exponernos a nada, no ocurre nada porque ni siquiera facilitamos la posibilidad de que ocurra algo mejor. Y eso solo hace que la desconfianza aumente.

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